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SOCIEDAD

21 de octubre de 2022

Historias de nuestra gente: estudiantes salteños se ubicaron bien alto en el ranking de un concurso de la NASA

Cinco alumnos de ingeniería electrónica de la Universidad Católica de Salta, junto a su profesor, conformaron un grupo de robótica y lograron participar de CANSAT, un desafío patrocinado por la agencia espacial norteamericana. Llevaron el prototipo de un robot que es lanzado a 800 metros de altura para recolectar datos.

Una noche, Jorge Royón (34) encontró en internet una postulación para un concurso patrocinado por la meca de un estudiante de ingeniería electrónica. La NASA, ese lugar donde la tecnología es tan sofisticada que puede enviar personas al espacio, la NASA, abría una convocatoria que se realizaría en la universidad de Virginia Tech, ubicada en Blacksburg Estados Unidos.

Jorge dudó pero lo vio posible. Participar no era inalcanzable para la gente correcta, con la ambición correcta. Consultó con el coordinador del grupo de robótica de su universidad, Norberto Ramallo, quien apoyó la idea y prometió dirigir el proyecto. Jorge comenzó a buscar aliados en aulas de todas las edades y carreras para formar un grupo de trabajo.

“Empecé a mandar WhatsApp a todos, hasta que Iván y otro compañero, que ya no está, me acompañaron” Cuenta Jorge sobre los inicios del equipo. El primero en sumarse fue Iván Maccio de 27 años quien en un principio lo pensó como una locura, pero aceptó el desafío de probar.

3 años después y con una participación por año, en el grupo ya no eran solo 3. Se conformó con Mateo Figallo (23), Esteban Yurquina (22) y Enzo Suarez (22) todos jóvenes estudiantes de ingeniería informática que aceptaron el desafío.

El concurso consiste en presentar un proyecto de ingeniería trazado por distintas disciplinas, desde el diseño hasta su funcionamiento correcto en una prueba real. En este último año la prueba se basó en la creación de un prototipo capaz de recolectar información sobre temperatura, presión, y otras variables mientras es lanzado a 800 metros de altura a través de un cohete. Pero eso sí, debe volver a tierra sano y salvo.

De esta manera se pusieron en marcha, se dividieron las tareas y comenzaron a preparar el proyecto mientras Norberto lideraba las tareas administrativas, de producción y lo más importante: no bajar el nivel de entusiasmo ni rendirse hasta el final.

El último tramo de la competencia se realizó en Estados Unidos, por lo que les fue necesario una Visa que casi no logran conseguir. Dos semanas antes de este momento no estaban en posición de ingresar al país, por lo que el prototipo estuvo en pausa por unos días hasta que comenzaron a destrabarse cosas obligando al equipo a turnarse las horas de sueño para terminar a tiempo.

Norberto Ramallo es Master en inteligencia artificial y coordinador del grupo de Robótica en la universidad. Recuerda los pasos hasta llegar a ubicar a los talentos ocultos entre los escritorios y pasillos, confía en los próximos que lleguen. Se acomoda orgulloso mientras los chicos lo esperan en el aula y comienza a relatar su experiencia.

-¿Hace cuánto trabajas en la universidad?

-Comencé en el año 2009.

-¿Cómo fue el proyecto en el que participaron?

-Ya hace bastante tiempo que tenemos el grupo de robótica, que se va renovando a medida de que los estudiantes se van recibiendo. Competimos hace ya 3 años en un concurso a nivel mundial que se llama CANSAT y se realiza en Estados Unidos. Participan distintas organizaciones, entre ellas la NASA y la Armada norteamericana. De más de 80 universidades del mundo clasificamos en el puesto número 11. Participaron países de Europa y de Norteamérica y nos fue bastante bien. De 5 universidades de EEUU le ganamos a 4, tuvimos mejor performance que la Armada Italiana, por ejemplo. Fue muy buen rendimiento para lo que es una universidad que está en el interior del país.

-¿Cuál era el objetivo del proyecto?

-Que los chicos pudieran medirse con los mejores del mundo. El desafío va cambiando año a año. El último fue lanzar un robot alrededor de 800 metros de altura. Desde ahí el robot tenía que filmar permanentemente hacia el sur y enviar distintos parámetros, velocidad, presión, y otras variables. Tenía que caer entero al piso. Y todos esos datos eran recibidos desde una central de la NASA.

-¿Cómo surgió la idea de participar en este proyecto?

-Nosotros iniciamos el grupo de robótica con una profesora. Y la participación era local. Hasta que un día, un alumno me dice : “Profe hay una competencia en estados unidos, porque no hacemos un mail y vemos de qué se trata ¿no se animaría a ver que es?” Fuimos enviando mails hasta que nos contestaron. En ese momento le dije al alumno que se encargue de seguir el hilo de la conversación a ver en qué medida podíamos participar, así es que luego pudimos inscribirnos. Esta ya es la tercera vez que participamos y siempre pudimos llegar a la final. Es una competencia difícil tiene que ver con un proyecto de ingeniería bastante profundo, donde se aplican conocimientos de informática, de electrónica y de mecánica. Tuvimos la posibilidad y la capacidad de llegar a la final y viajar este año justamente para medir en qué nivel estamos. Por supuesto que esta es una gran posibilidad que brinda la UCASAL a todos los estudiantes, porque no solo chicos de ingeniería pueden sumarse, sino que también de otras áreas.

-¿Qué aprendizaje brindó esta experiencia para vos siendo el líder?

-El aprendizaje humano y personal es inmenso, porque se trata de estar conviviendo con los estudiantes en forma permanente e intercambiar conocimientos. Salir de situaciones complicadas por ejemplo, eso hace que la educación entre los chicos se potencie. Van adquiriendo conocimientos a medida que van participando, porque además ven otros equipos, por ejemplo la gente de la Fuerza Aérea Italiana llegaba a la universidad donde se desarrollaba el evento con trailers robóticos, estacionaban uno atrás del otro y nos dieron la posibilidad de entrar a mirar. Eran laboratorios con los que nosotros solo podemos soñar.

-¿Cuáles son las complicaciones que encontraron?

-Desde acá nosotros pedimos una placa que compramos en Europa o China y en la medida que se va desarrollando la competencia por ahí se quema en las pruebas y demás, y nosotros no tenemos la posibilidad de ir y comprar otra. Son meses que tarda en llegar y más estando en el interior del país. Entonces lo que tenemos que hacer es rebuscárnoslo con lo que está y agudizar el ingenio para usar eso otra vez y que nos de una vida más

-¿Cuál era tu rol frente a estas complicaciones? ¿Les pasó algo en particular?

-Básicamente uno ve, analiza, pero siempre alienta. Aunque uno se ubica en el lugar en el que se encuentra. Nosotros entramos en un laboratorio de robótica en Virginia Tech, la universidad. Había robots androides esperando para ser programados para comenzar a funcionar. Entonces, cuando uno está ahí dice “uh, ¿contra esto tenemos que pelear?” Pero eso era internamente para mi, pero para afuera era ‘no te sientas vencido aun vencido’. Lo que generaba eso lo trataba de tener como un incentivo, dar vuelta la adversidad.

-¿También tuvieron complicaciones con la Visa de EEUU?

-El asunto es que teníamos 2 semanas para terminar los trámites. Ya pensábamos que no íbamos a viajar y el turno nos lo dieron para noviembre, o sea después de la competencia. La universidad se movió y pudimos tener la entrevista. Nuestra Visa fue aceptada cuatro días antes de que saliera el vuelo. Ellos te mandan una invitación y eso quiere decir que estás clasificado para participar de los últimos 7 días de competencia. No quiere decir que vayas a lanzar el prototipo, sino que vas a probar que el prototipo sirve y recién después que haces eso lo lanzas. Eso pasó en 2 semanas, así que tuvimos que apurar la construcción del prototipo. Llegamos justo al día de la prueba.

-¿Ver que chicos de 22 años puedan lograr todo esto que te hace sentir?

-Eso nos da una idea del potencial que tenemos en La Argentina, es tremendo. En cualquier parte del país. Solo hay que descubrirlo y darle la capacidad para que pueda desarrollarse. Ellos se midieron con los mejores del mundo y pudieron. No tienen ningún inconveniente, están capacitados para hacerlo, hay algunos que ya están por recibirse, probablemente ya sean ingenieros el año que viene y no puedan participar. Pero los que vienen, son tremendos. Son todo terreno. Les decís ‘preparame un software que haga tal cosa’ y pum listo; ‘preparame una placa para que haga tal cosa’ y pum listo comenzamos a conectar. O sea, son todo terreno. Saben lo que tienen que hacer, solamente con indicarle la consigna, el propósito de cada cosa.

-¿Cual es el objetivo ahora?

-El objetivo es ganar la competencia, no es participar nada más. El objetivo es el 1, a eso apuntamos. El 2 y el 80 no nos sirve en definitiva. No hace que estén justificadas nuestras acciones, queremos el 1.

A una puerta de distancia sus alumnos esperan su turno, están sentados alrededor de lo que quedó de su prototipo finalista. En orden se ubican: Iván Maccio, Mateo Figallo, Esteban Yurquina, Enzo Juárez y Jorge Royon.

Royon, el mayor del grupo, fue el encargado de unir y liderar. Desde un comienzo fue el ideólogo y comienza a hablar con espíritu de ingeniero: Directo y lógico.

-¿Cómo empezó el proyecto?

Jorge Royón: Una noche navegando en internet me crucé con esta competencia y bueno, conseguí un grupo de compañeros que se querían unir al proyecto para participar. El profesor nos dió el pie.

-¿La formación del equipo la fueron pensando o solo pasó?

JR: Empecé a mandar WhatsApp a todos mis compañeros, hasta que Iván y otro que ya no está me acompañaron y el profesor nos dio el okey.

-¿Te imaginabas todo lo que iba a terminar pasando?

JR: Cuando vi la competencia, me pareció un desafío increíble. No era inalcanzable, lo veía factible.

-¿Y a ustedes cuando se lo propusieron que les pareció?

Iván Maccio: Yo me sumé en primer año. Tengo que admitir que cuando Jorge me llamó para proponer esto pensé que era una locura. Me dijo que lo organizaba la NASA y que teníamos posibilidades. Pensé que podía ser una buena experiencia pero nunca me imaginé que era posible, que estaba a nuestro alcance competir además de participar. Yo se lo dije a él en su momento, estamos apuntando muy arriba. Encima éramos 3 en ese momento en el grupo y se veía mucho más lejano. Me acuerdo cuando llegamos a Buenos Aires, en el aeropuerto nos mirábamos a la cara y decíamos ‘miren donde estamos, lo logramos’. Fue una satisfacción muy grande, algo que empezó como una locura años después se estaba volviendo realidad.

Mateo Figallo: En mi caso, el año pasado fue el único año que estuve en la carrera. Estaba en clase y llega Jorge preguntando si alguien se animaba a hacer la parte visual del programa. Yo justo necesitaba hacer una práctica, me contacté con él y me pidió que en una semana necesitábamos entregar una parte del proyecto. Y me puse a trabajar.

-¿En qué consiste la competencia?

JR: Primero hay una eliminatoria. Presentas tu proyecto y cuando pasas ya estás calificado para la segunda etapa, que ya es la del diseño final. Si pasas la segunda eliminatoria ya tenés que ir a EEUU a hacer el lanzamiento.

-¿En un momento pensaron que no iban a ir?

JR: Nosotros ya tenemos experiencia en la competencia. Ya nos manejamos con solvencia porque el primer año fue complicado. Clasificamos para la final pero se canceló la competencia. Nos volvimos a presentar en el segundo año y ya fue mejor el resultado, llegamos a la final. Y ahora, la tercera vez, pudimos lucirnos a pesar de todo y llegamos al 11 puesto entre casi 50 universidades.

-¿Cómo fue llegar y ver la tecnología de los otros equipos?

Enzo Juárez: Por ejemplo, había equipos que estaban patrocinados. Nosotros llegamos y teníamos nuestro prototipo. Pero el profesor siempre nos lleva calma.

IM: Eso fue algo que nos dimos cuenta también, que a pesar de las limitaciones tecnológicas y económicas que teníamos nosotros en relación a los otros equipos, fuimos y competimos de igual a igual. En el momento de la competencia éramos un equipo más y le ganamos a algunos que parecían grupos de Fórmula 1, preparados para la guerra. Y nosotros, con nuestro robot atado con alambre, competimos y la verdad que quedamos arriba de países que no teníamos pensado ni siquiera acercarnos. Estuvo bueno, demuestra que hubo capacidad en el equipo para buscar soluciones alternativas que nos pusieron a la par de los rivales.

-¿Hubo algún otro aprendizaje que podrían destacar?

IM: Además de lo que es el desafío, creo que esta competencia a todos nos hace crecer como futuros profesionales y como personas también. Te pone a prueba por las exigencias y es viajar a otro país, donde hablan otro idioma, donde nadie te va a dar una mano. Fue manejarnos entre nosotros sin conocernos tanto y decir bueno, somos nosotros contra el resto. Creo que, por suerte, cada uno puso su parte para que esto salga bien.

-¿La competencia hubiese sido lo mismo sin el profesor?

JR: Estaba todo justo, si algo fallaba, no se podía. Fue el profesor quien impulsó la robótica en la Universidad y fue él el que nos dio el aval académico para poder participar.

IM: El profe se encargó de todo el papeleo y las presiones burocráticas para que nosotros estemos 100% en el proyecto. Nos ayudó a compartir, en la convivencia, porque somos de distintas edades y él siempre se adecuó a nosotros, fue uno más.

-¿Qué le dirían a cinco chicos de otro lugar que están a punto de empezar este camino?

IM: Que es posible. A mi me pareció una locura al principio, pero yendo paso a paso, tratando de poner el empeño que se merece creo que es posible. Nosotros tampoco somos unos iluminados, somos estudiantes normales igual que todos, nada más que cada uno tuvo sus motivos para sumarse a un proyecto extracurricular para crecer en lo profesional. Creo que si uno se lo propone puede lograr cosas y romper con la barrera de decir ‘no puedo’, ‘no es para acá', ‘es para países de primer mundo’. Yo considero que en ese país hay mucha capacidad y creo que hace falta un profe que venga, te apoye y diga ‘si se puede, mandá el mail’. Romper esa barrera que nos ponemos nosotros mismos. Nuestra idea es invitar a mas alumnos para agrandar el equipo para el año que viene. Creo que con la experiencia que tenemos va a ser un poco más fácil.

 

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