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POLITICA

2 de julio de 2022

“Cristina es esperanza”, la nueva campaña del kirchnerismo para 2023

En el Frente de Todos conviven dos velocidades: la del Gobierno de Alberto Fernández, enfocado en superar el día a día; y la de Cristina Kirchner, con la mirada puesta en las elecciones.

Un día antes de instalar la posibilidad de que Cristina Kirchner sea candidata presidencial, Andrés “Cuervo” Larroque mantuvo una larga charla con referentes de agrupaciones K de la provincia de Buenos Aires. En esa mesa, analizaron el escenario electoral y varios de ellos concluyeron que no había mejor opción que el operativo clamor para que se postule “la jefa”.

Este fin de semana está previsto que se realicen pegatinas en el segundo y tercer cordón del conurbano con una leyenda sugerente: “Cristina es esperanza”. Esa frase contiene el espíritu de lo que plantea la vice en conversaciones privadas: no sólo hay que quedarse en la crítica, sino que hay que “vender futuro”, sembrar la expectativa de que todo puede mejorar.

El silencio de Cristina Kirchner sobre su 2023

En el universo K no todos opinan que ella deba encabezar la lista. “No tiene sentido jugar nuestra mejor carta en una elección que se va a perder”, sostuvo un dirigente bonaerense. Fiel a sus estilo de “secreto” y “sorpresa”, la Vicepresidenta no anticipa sus movimientos y no se ha pronunciado sobre qué rol quiere tener en la próxima contienda. En el peronismo descuentan que va a querer ir en la boleta, pero como senadora por la provincia.

Larroque es uno de los mejores exponentes del pensamiento de Cristina Kirchner. Se repite un modus operandi: a cada discurso de ella, le siguen declaraciones del ministro de Desarrollo de la Comunidad bonaerense y secretario general de La Cámpora amplificando sus conceptos. Su voz llena el espacio que dejó vacío Máximo Kirchner, que desde que abandonó la jefatura del bloque del Frente de Todos en Diputados se replegó de la escena pública.

No van a parar las críticas sobre Alberto Fernández

Lo único que tienen claro los interlocutores de Cristina Kirchner es que no va a parar sus críticas a Alberto Fernández y quiere un cambio de rumbo de la gestión. Entre los más fanáticos, desconciertan algunos de sus gestos: reuniones con el embajador de Estados Unidos, Marc Stanley, y la jefa del Comando Sur, Laura Richardson, hasta el economista Carlos Melconian. Algunos leen allí no sólo una señal de pragmatismo, sino también la búsqueda de un colchón de gobernabilidad. “¿Para qué?” es la pregunta que nadie encuentra respuesta.

El Presidente ve cómo se licua su poder semana a semana. Así se entiende que en la CGT haya intentado desafiar a Cristina: “El poder no pasa por ver quien tiene la lapicera”. La oración se completa con otra que no lo deja del todo bien posicionado. Dice: “Pasa por ver quién tiene la capacidad de convencer”. Fernández no puede persuadir ni a los propios y estuvo a punto de suspenderse el acto en la sede de Azopardo porque un sector no quería quedar pegado a una foto con el Presidente.

“Si hacemos lo contrario a lo que quiere Cristina, nos ataca. Si hacemos lo que dice, no nos felicita”, describió un funcionario cercano a Alberto Fernández. El razonamiento tiene lógica, nunca va a salir de la boca de la vice un elogio, ni una reivindicación. Ella solamente habla bien de su mandato hasta 2015 porque su intención es preservar ese “legado”.

El fin de la “moderación” del kirchnerismo

El kirchnerismo más duro considera que hay que dejar de lado la “etapa de la moderación”. Básicamente, ese postulado se desprende de experiencias recientes en el mundo. En Colombia, ganó el candidato de la izquierda, Gustavo Petro; y en Francia, se impuso en las legislativas la coalición de izquierda liderada por Jean-Luc Mélenchon. Ambos son espacios de la oposición. En tanto, posiciones más tibias, en un paralelismo con Argentina, como la que representan los socialistas del PSOE, acaba de tener una histórica derrota en Andalucía. “Es como si nosotros perdiéramos La Matanza”, puntualizó un funcionario K. Lo que no contempla ese análisis es que en todos los casos mencionados, cayeron derrotados los oficialismos.

El camino hacia la radicalización implica más presión sobre los empresarios y mayor intervención del Estado en la economía. En el plano institucional, redoblar los esfuerzos para aprobar proyectos vinculados al Poder Judicial, como la reforma de la Corte. Eso es desde lo discursivo porque difícilmente cuenten con respaldo para lograr leyes en el Congreso.

Massismo explícito

Esa fase sólo se puede concretar con un cambio de elenco. La versión del ingreso de Sergio Massa como jefe de Gabinete se alimentó a raíz de una reunión que mantuvo el jueves con Juan Manzur en la Casa Rosada para la firma de convenios de la red de fibra óptica con el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil. En una escena de massismo explícito, también asistieron Claudio Ambrosini, titular del ENACOM, y Matías Tombolini, de ARSAT. Cerca de Fernández descartan la incorporación, pero con menos énfasis que en otras oportunidades: “Hace un año que se dice y no pasa”.

El dilema es que un eventual desembarco de Massa tampoco garantiza la receta de Cristina Kirchner sobre la economía, al menos si se repasa el discurso público del presidente de la Cámara de Diputados. Martín Guzmán, inmutable, sobrevive a la cuenta regresiva de su salida. En el Gobierno, con más voluntarismo que información, creen que el frente financiero se calmó esta semana y se preparan para tres meses turbulentos. En julio, agosto y septiembre no van a permitir la salida de dólares para poder hacer frente a la importación de energía. La consecuencia de esa medida es un freno a la actividad, es decir, menos producción y consumo.

Desenlace abierto

El combo de recesión e inflación es letal, pero en la Casa Rosada no ven otra alternativa, para luego aflojar el cepo en primavera. En el Frente de Todos conviven dos velocidades: el Gobierno se concentra en superar el día a día, sin planificación a mediano plazo; mientras que Cristina Kirchner trabaja más con la mirada en 2023. Ese choque de dinámicas acelera aún más la crisis de la coalición gobernante, de consecuencias desconocidas.

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