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POLITICA

28 de mayo de 2022

Sin diálogo con Cristina Kirchner, Alberto Fernández se repliega en una mesa cada vez más chica

Hace tres meses que no habla con su vice, pero ella recibe en secreto a sus ministros. Ahora, el Presidente ve cómo sindicalistas y dirigentes lo quieren empoderar mientras se topa con el cerco político de Cristina Kirchner una y otra vez.

Alberto Fernández parece disfrutar de su período de incomunicación con Cristina Kirchner. Los colaboradores que eran testigos de conversaciones telefónicas entre ambos notaban el enorme estrés que le generaba al Presidente ese momento. Un funcionario usaba una figura poco feliz para definir el cuadro: “La sensación era de gobernar con una mira láser en la frente”.

Más allá de la tensión y el operativo despegue, el kirchnerismo intentó por distintas vías tender un puente y armar una mesa de toma de decisiones donde estén todos representados. En La Cámpora están seguros de que es el propio Alberto Fernández el que rechaza esta propuesta. Así tomaron la decisión presidencial de delegar en el Canciller la negociación por ese encuentro. “Hablen con Santiago”, fue el mensaje, sabiendo que Cafiero es resistido por Cristina y Máximo. La charla se cortó ahí.

La mesa chica de Alberto Fernández...cada vez más chica

El Presidente tiene un entorno cada vez más pequeño, con distintos niveles de influencia. En la cotidianeidad, ganó enorme peso la portavoz Gabriela Cerruti, que como un Pac-Man fue comiendo espacios de poder. Su estrategia de comunicación tiene detractores internos, pero es apoyada por su jefe. En la sombra, también Cafiero es de los más escuchados, y se hace escapadas todo el tiempo desde el Palacio San Martín a la Casa Rosada.

Los ministros que vienen del conurbano ven con preocupación el aislamiento. Quizá porque su mirada está puesta en la provincia de Buenos Aires, un riesgo para el peronismo en 2023. El tridente de Gabriel Katopodis (Obras Públicas), Jorge Ferraresi (Desarrollo Territorial y Hábitat) y Juan Zabaleta (Desarrollo Social) trabaja para que el Presidente esté más en la calle, con una agenda menos posicionada en lo simbólico. La presentación de los nuevos billetes en un contexto de inflación galopante fue recibida como delirante por gran parte del gabinete.

Cristina Kirchner observa a la distancia, aunque sabe de primera mano todo lo que pasa. No sólo por lo que aporta el ministro del Interior, Wado de Pedro, sus “ojos” en la Casa Rosada. Su despacho en el Senado es un desfile de funcionarios, gobernadores y dirigentes. Su departamento en Recoleta también es sede de encuentros reservados. ¿Sabrá Alberto Fernández que ministros considerados “albertistas” hablan con ella a diario? Zabaleta, Katopodis, Juan Manzur, Carla Vizotti, son algunos de los que integran la lista de contactos de los últimos días.

En principio esas charlas son por temas de gestión o al menos esa es la excusa, aunque al final del camino se termina mezclando la política. La vice pide información y acerca problemas a resolver, que los funcionarios atienden con rapidez.

La salida de Feletti, con el OK de Cristina Kirchner

La Vicepresidenta avaló la retirada de Roberto Feletti de la Secretaría de Comercio. Se convenció de que Martín Guzmán está realmente empoderado, y que pierde sentido meter presión para incidir en el rumbo económico.

“Están haciendo macrismo sin Macri”, dice un colaborador que responde a Cristina Kirchner. Para apuntalar esa frase, enumeran varios puntos: lo que denominan el “cogobierno” con el FMI, la política de suba de tarifas, la flexibilización del cepo a las petroleras, el rechazo a la intervención para regular precios a través de retenciones o cupos a los granos.

Guzmán sí debió ceder a la insistencia de Sergio Massa de subir el piso del impuesto a las Ganancias, algo que el ministro de Economía venía demorando. En realidad, el que apuró la medida fue el Presidente, para calmar al otro socio fundador del Frente de Todos. El tigrense lanzó el slogan “el salario no es ganancia” en un acto acompañado por Sergio Berni, archienemigo de Alberto Fernández.

En el oficialismo la comunicación se hace a través de cartas y actos, como si estuvieran en el siglo XIX. Cada vez que puede, Fernández aparece abrazado a Emilio Pérsico, del Movimiento Evita, o a los supuestos “funcionarios que no funcionan”, como Guzmán y Matías Kulfas. Estos golpes de efecto ya no llaman tanto la atención porque la novela de la interna ha pasado a ser la “nueva normalidad” en el Frente de Todos. El capítulo final de la temporada será recién en 2023, cuando se definan las candidaturas.

 

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