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DEPORTES

21 de marzo de 2021

Acá está River: ganó, goleó y gustó

Show de fútbol y tremenda contundencia del equipo de Gallardo en Mendoza: cinco goles en 36', cuarteto de Borré (los otros fueron de Suárez y Alvarez) y un triunfo clave para quedar a tiro del top 4.

Hace mucho que River juega así. Casi siete años. Para algunos, los que saben, “hace mucho que juega mal”. En Mendoza fue la prueba de lo mal que anda el equipo de Gallardo: seis goles en un ratito, todos abajo del arco, baile a domicilio al Godoy Cruz del Gallego Méndez. Imaginate si River jugara bien, lo que será.

El evidente efecto que buscó el grito y juicio de valor de Riquelme el domingo pasado salió por la culata. La sentencia del (vice) presidente de Boca pareció ser más una incitación a que River juegue mal que un diagnóstico: instalar el debate, fantasmas en el bando rival. Bueno, acá están los fantasmas: fueron seis y más también. El efecto, en todo caso, fue el contrario: el equipo de Gallardo jugó como juegan los equipos de Gallardo. Y apabulló a un Godoy Cruz que, pobre, no pudo hacer nada ante el tsunami de fútbol que fue River, un equipo integral que después de algunos partidos algo espesos pareció encontrar ayer el funcionamiento legendario que suele tardar un puñadito de presentaciones al inicio de cada temporada.

Lo que los primeros partidos parecían marcarle tímidamente a Gallardo se terminó de cristalizar anoche: el Muñeco terminó de encontrar la mitad de la cancha con Enzo Pérez y De La Cruz y Agustín Palavecino como laderos, pero con el agregado de Julián Álvarez como el comodín del equipo, como cuarto volante, como enganche y como tercer delantero con Borré y Suárez según lo que pidiera cada jugada. Todos ellos, más un Alex Vigo que demostró por qué River se fijó en él participando activamente en el ataque por la banda derecha, fueron la explicación para que Suárez y sobre todo Borré se hicieran un festival en las narices del desamparado Ibáñez, que casi nada tuvo que hacer en el aluvión de goles de River.

Borré definiendo todo de primera y trazando las diagonales que lo llevaron a ser ya por una buena diferencia el goleador del ciclo; Suárez para tocar a la red y al compañero; Álvarez, que se ganó definitivamente el lugar que no supo defender Carrascal, para hacer todo eso y también colaborar en la recuperación y entrar en el circuito de juego; Palavecino y De La Cruz para ayudar a Pérez y para encontrar fácil en una defensa que jugó catastróficamente en línea los pases filtrados que abrieron la goleada; Pérez para manejar los hilos; Vigo para subir como lateral brasileño y asistir, también.

Eso es River. El River de Gallardo. Un partido que, sin ponerles nombres y apellidos a los futbolistas pudo haber ocurrido en 2014, 2015, 2016, 2017, 2018, 2019, 2020 ó 2021 con distintos y variados intérpretes. Y es que el equipo del Muñeco tiene una idea que es sagrada, que no se altera, tiene la voracidad para ir siempre por más, para no relajarse, para tratar bien la pelota incluso en un campo de juego en muy malas condiciones como las que mostró anoche el Malvinas Argentinas.

El River de siempre, el que hace siete años demuestra con o sin coronas que es el mejor equipo de Argentina y del continente. El que no habla afuera sino adentro de la cancha. El que juega así, mal, hace mucho, muchísimo tiempo. Ojalá, para el Muñeco y los suyos, que algún día mejore.

 

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