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ECONOMíA

16 de julio de 2021

Tomate, vino y queso: el top 10 de los alimentos que más aumentaron en el primer semestre

Hay al menos ocho acuerdos y controles de precios para evitar subas, pero aun así, este rubro creció por encima de la inflación general en los primeros seis meses del año.

El changuito cada vez más vacío y el bolsillo cada vez más resentido: los alimentos aumentaron en el primer semestre por encima de la inflación general, pero además, en ese período hubo incrementos de productos de supermercado, almacenes, carnicerías y verdulerías que alcanzaron el 99%.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) dio a conocer ayer la inflación de junio y, con eso, se completaron los datos del primer semestre. En el mes, el número fue del 3,2%; en los primeros seis meses, de 25,3%. Los alimentos subieron en junio en igual proporción que el nivel general, pero en el semestre, un 26,4%, es decir, más de un punto porcentual por arriba.

Esto sucede a pesar de que hay todo tipo de controles de precios y acuerdos activados, que incluyen programas como Súper Cerca en almacenes y comercios de cercanía, Precios Cuidados en supermercados y mayoristas, arreglos sectoriales con las carnes y los lácteos, el camión itinerante del Mercado Federal Ambulante y al menos tres sistemas de información de valores, cantidades y etiquetado que tienen que llenar las empresas de consumo masivo y las tiendas que comercializan al consumidor final.

La suba fue encabezada por el tomate. El kilo pasó de $53,77 en diciembre de 2020 a $106,9 en junio de 2021. Claro que el producto que lidera tiene un fuerte componente estacional que afecta su precio. Es una verdura de verano, y por factores climáticos y de disponibilidad de oferta, suele encarecerse en los meses fríos.

No es el caso del vino común, que aumentó un 62% en seis meses. Pasó de $75,18 a $121,42. En este punto entran en juego otras consideraciones. Como en la mayoría de los alimentos y bebidas, hubo aumentos en los insumos -incluso faltantes de botellas-, pero en este caso las empresas pudieron recuperar sus márgenes: en enero salieron de Precios Máximos, el programa que congeló los valores de alimentos, bebidas, productos de higiene y de limpieza desde el 6 de marzo de 2020 hasta el 8 de junio de 2021, con leves aumentos en el medio.

Como en la mayoría de los casos de productos que dejaron de estar en el congelamiento, hubo conversaciones de hecho entre la Secretaría de Comercio Interior y el sector para hacer aumentos más “ordenados”. Pero, de nuevo, hay un factor que es más difícil de controlar: los supermercados informan diariamente los precios a los que venden sus productos, pero los comercios de cercanía no. Y, en el caso de productos de consumo masivo, se estima que siete de cada 10 compras se realizan en los últimos establecimientos.

Tres quesos integran el top 10. Se trata del sardo (57%), el cremoso (53%) y el pategrás (49%). En este caso, suele haber venta “al granel”, una venta en la que los controles de precios no llegan porque no hay un código de barras rastreable. También se llama venta de alimentos “frescos”. La Secretaría de Comercio Interior solo puede imponer controles sobre aquellos bienes que tienen un SKU o un código de identificación, y es por eso que generalmente se sienta a negociar con empresas de consumo masivo y no con verduleros o carniceros, dos sectores muy atomizados.

El filet de merluza (55%) y la paleta (47%), también entre los 10 alimentos que más subieron en el semestre, son otros ejemplos de esto.

Completan la lista dos lácteos. La leche entera en sachet aumentó 47%, pasó de $57,3 a $84,1. El dulce de leche subió 42%, de $101,77 a $144,76. Estos son productos que formaron parte de uno de los últimos acuerdos de precios que se puso en marcha a inicios de junio e incorporó 32 nuevos productos a la lista de Precios Cuidados.

“A grandes rasgos los alimentos siguen aumentando porque ningún control de precios impacta. Los controles están desde 2009 o 2010 y la inflación terminó acelerándose”, detalla Facundo Aragón, socio de CompassLa. Los controles están muy focalizados en los supermercados, señala el especialista, que vende el 30% del consumo masivo. El otro 70% es difícil de abarcar, y generalmente se hace a través de controles sobre los fabricantes. “El precio final lo termina manejando el almacenero, el kioskero, la carnicería y la verdulería”, señala.

Además, señala, los fabricantes tuvieron subas de costos relacionadas con aumentos de naftas e insumos y commodities dolarizadas que, de alguna manera u otra, intentaron cubrir. Una técnica habitual, señala el especialista, es discontinuar productos y lanzar otro similar con nuevo valor.

¿Por qué no baja la inflación de los alimentos?

La inflación de los alimentos no es tanto más difícil de bajar que el nivel general, dice Juan Ignacio Paolicchi, analista de la consultora Empiria, aunque sí tienen una demanda inelástica porque son bienes de primera necesidad que no se resignan aunque su valor suba: nadie puede vivir sin comer.

El problema, suma Matías Rajnerman, economista jefe de Ecolatina, es que el Gobierno ya usó toda su artillería con controles y acuerdos y, sin embargo, los precios no responden. “Es preocupante porque el Gobierno no le encuentra la salida: las políticas se enfocaron ahí y no resultaron”, señala.

La suba de los valores de los alimentos es “la cara más regresiva de la inflación”, señala Rajnerman, porque los hogares de menos recursos gastan mayor porción de sus ingresos en alimentos. “No podemos decir que la inflación de los pobres fue mayor a la de los ricos porque todo se atenuó por el semicongelamiento de tarifas, pero sí afecta más a los que menos tienen y genera inflación futura: cuando hay subas en alimentos y bebidas se siente la caída del poder adquisitivo, lo que enseguida se traslada a demandas de recomposición salarial”, advierte.

“La suba de los alimentos es un componente que afectó significativamente los niveles de indigencia y de pobreza, que se miden con un estándar alimenticio y luego general. Lo alimenticio, sin embargo, ocupa un nivel muy importante en las canastas alimentaria y total”, concluye Paolicchi.

 

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