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DEPORTES

2 de junio de 2021

Radiografía de la Copa América: cómo se desarmó la sociedad Argentina-Colombia y por qué cayó en manos de Brasil

El torneo se jugará entre el 13 de junio y el 10 de julio en cuatro ciudades: Brasilia, Cuiabá, Goiania y Río de Janeiro. Coronavirus, crisis social e internas políticas, un combo que cambió los planes de la Conmebol y de varios países.

El 13 de marzo de 2019 hubo una importante reunión entre el presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, y los diez países miembros que la conforman. En pocas palabras, había un acuerdo tácito de aprobar la candidatura de Argentina y Colombia para ser los organizadores de la Copa América 2020.

A fines de abril de ese año, pocas semanas antes del inicio del mismo torneo que iba a jugarse en Brasil, se confirmó oficialmente. Por primera vez el certamen de Selecciones más antiguo del mundo sería en dos países distintos. La decisión generó, como siempre, críticas y elogios. Pero nadie sabía que una pandemia iba a golpear al mundo con ferocidad.

Neymar y compañía se alzaron con la versión 2019 con los estadios brasileños abarrotados, antes del Covid-19. La Copa América 2020 se movió para 2021 pocas semanas después de que todos los países instalaran cuarentenas y aislamientos ante el rápido avance del coronavirus. El acuerdo entre todos las Asociaciones era total: no se podía jugar al fútbol así. Se sabía muy poco del virus.

 

Se suponía que el 13 de junio Argentina y Chile iban a dar el puntapié en el estadio Monumental de River. Se suponía que un día después Brasil y Venezuela serían los encargados de hacer rodar la pelota en Colombia, más precisamente en el Estadio Atanasio Girardot de Medellín. En el camino quedaron Qatar y Australia, invitados al torneo que decidieron bajarse por la pandemia.

13 de junio de 2021. Hasta hace un mes la Conmebol, Argentina y Colombia no tenían dudas de la organización del torneo. Pese a la gran cantidad de contagios que se registraban en ambos países, Domínguez aseguraba que el porcentaje de enfermos en el fútbol era mínimo (0,7% a nivel sudamericano) y que todas las selecciones iban a conformar burbujas. Además, los planteles iban a estar vacunados.

Pero una chispa se inició en Colombia. El presidente de ese país, Iván Duque, intentó reflotar una serie de medidas políticas y económicas que en 2019 ya habían levantado polémica. Intentó darle forma a una reforma tributaria que no cayó bien en la clase media, la más afectada ante una eventual aprobación por parte del Congreso. A eso se le sumó la crisis que el Covid-19 desató en el último año y medio.

Se registraron múltiples protestas en las principales ciudades. Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Santa Marta. Hubo miles de heridos y decenas de muertos. Pese a la gravedad del asunto, la Conmebol hizo oídos sordos y varios partidos de Copa Libertadores y Sudamericana se disputaron en suelo colombiano. Más de un encuentro tuvo que frenarse ya que los futbolistas se veían afectados por la rudeza del gas lacrimógeno que la Policía arrojaba contra los manifestantes en las afueras de los estadios. La imagen dio la vuelta al mundo.

Si bien las reformas de Duque no prosperaron, los incidentes siguieron su curso en las calles. Otro de los pedidos era que la Copa América no se disputara en Colombia. Y el Gobierno, que no quería sumar derrotas en su haber, dio marcha atrás y el pasado 20 de mayo se lo hizo saber a Domínguez. Desde el país cafetero propusieron un aplazamiento. Mover el torneo para finales de 2021. En la Conmebol sabían que se trataba de una retirada encubierta. Las alarmas se encendieron.

¿Podía Argentina organizar una Copa América en soledad? Sí. Ya lo hizo en 2011, el antecedente más cercano. La infraestructura está: el país tiene incontables estadios, hoteles y predios de entrenamiento con la capacidad de recibir a todas las delegaciones. ¿Pero quería Argentina hacerse cargo de la mochila?

La situación epidemiológica en el país es crítica. Es un factor que las autoridades siempre tuvieron en cuenta. “Desde el punto de vista sanitario no tenemos ningún punto de vista en contra de la organización de la mitad de la Copa que nos correspondía. Ahora tenemos que ver si podemos hacerla completa”, analizó el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.

La ministra de Salud, Carla Vizzotti, fue más allá y el pasado 25 de mayo dijo: “Recibir a 1200 personas con un protocolo estricto no es una situación epidemiológica de gran relevancia, si podemos trabajar con el Ministerio de Turismo y Deportes, y con todas las selecciones. Sin embargo, abrió las puertas a una posible suspensión: “Si se decide posponer en función de la situación epidemiológica es una posibilidad que también se está analizando. El Gobierno siempre se guardó la carta bajo la manga.

La Conmebol, mientras tanto, se preparaba: si Argentina aceptaba la oferta de recibir toda la Copa América necesitaba los estadios extra. Delegaciones inspeccionaron el “Uno” de Estudiantes de La Plata y La Bombonera de Boca. Todo ok.

El viceministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak, se mostró totalmente en contra de recibir el torneo: “Esto es muy inoportuno, más allá de los protocolos que se hagan”. La Provincia, de esta forma, dejaba clara su postura.

El 26 de mayo hubo dos reuniones entre el Gobierno y la Conmebol para empezar a definir la cuestión. En primera instancia Alejandro Domínguez, presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol, se juntó con Santiago Cafiero, jefe de Gabinete; Matías Lammens, Ministro de Turismo y Deportes, en la Casa Rosada. Luego, todos ellos se trasladaron a la Quinta de Olivos, donde se sumó el presidente Alberto Fernández.

Durante este encuentro, del que no participaron representantes de la AFA, las autoridades argentinas y la Confederación Sudamericana analizaron un protocolo para que se realice el certamen en nuestro país, mientras que se evaluaron aspectos organizativos y logísticos. Pese a las reuniones, la Conmebol manejaba el Plan B de ofrecerle a Chile una cierta cantidad de partidos y así evacuar las dudas de la Argentina.

Desde la oposición también aparecieron cuestionamientos. La ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, lanzó: “En este país se habla de organizar la Copa América y se cuestiona la presencialidad en las aulas. Siento desesperanza cuando veo que quieren tener el torneo acá”. Incluso el expresidente Mauricio Macri, que tiene un cargo en la FIFA, criticó: “Es medio incoherente. Nos encierran, nos llenan de miedo, nos prohíben hacer millones de cosas razonables y de golpe quieren hacer un campeonato de fútbol. Es difícil seguir la coherencia de este Gobierno”. Empezó el fuego cruzado.

El exdelantero argentino Gonzalo Belloso, directivo de la Conmebol, usó su cuenta de Twitter para criticar a Macri: “Preside la Fundación de la FIFA y boicotea la organización de la Copa América solo por hacer daño a sus rivales políticos. Desconocer que el fútbol se ha jugado y se juega con porcentajes bajísimos de contagios, con extremas medidas de salud y vacunados, además de ignorante, es malicioso”.

Conmebol prometía muchísimos controles para realizar la Copa América. Uno de los datos salientes es que garantizaba que todas las delegaciones estuviesen vacunadas contra el coronavirus. “Es una condición ineludible”, decía un comunicado. Pero Argentina empezó a bajarse al ver que la situación epidemiológica se tornaba aún más alarmante y que el daño político podía ser muy grande.

La bomba explotó el 30 de mayo. El ministro del Interior, Wado de Pedro, dijo que la situación en las provincias, debido al coronavirus, era crítica. “Veo poco posible que la Copa América se pueda hacer en nuestro país”, dijo. Apenas 20 minutos después de sus declaraciones la Conmebol publicó un comunicado en Twitter: “En atención a las circunstancias presentes, resolvimos suspender la organización de la Copa América en Argentina. Ahora analizamos la oferta de otros países que mostraron interés en albergar el torneo continental”.

Chile quería. Estados Unidos incluso se ofreció como un territorio ideal ya que prometía estadios repletos, instalaciones de entrenamiento de lujo y hoteles cinco estrellas para todos los equipos. Ninguna de las dos ideas prosperaron. El lunes 31 hubo una reunión del Consejo de Conmebol y apenas unas horas después surgió un nombre inesperado: Brasil.

Uno de los países con más contagios y muertos por coronavirus sería el organizador de la Copa América. No estaba en los planes de nadie. Pero el presidente Jair Bolsonaro ofreció lo que Chile no pudo: una importante exención de impuestos, un detalle que por entonces Argentina seguía discutiendo con la Conmebol.

“Las fechas de inicio y finalización del torneo están confirmadas. Las sedes y el fixture serán informados por la CONMEBOL en las próximas horas. ¡El torneo de selecciones más antiguo del mundo hará vibrar a todo el continente!”, publicó la Confederación Sudamericana de Fútbol. Manaos, Brasilia, Natal y Recife, San Pablo, Porto Alegre y Río de Janeiro surgían como posibles sedes. Pero con el correr de las horas varias ciudades se bajaron. Quedaron pocas.

Brasil es el país sudamericano más castigado por la pandemia con 16.5 millones de casos y 462 mil muertes por coronavirus. Además, está tercero entre los que más infectados acumulan detrás de Estados Unidos (34.042.871) e India (28.046.957). La polémica se encendió. Los diarios brasileños criticaron la noticia, los allegados a Lula da Silva alzaron el grito en el cielo. Hasta la Corte Suprema le pidió explicaciones a Bolsonaro.

“La Copa América, sí. Conversé con todos los ministros interesados en la organización y de mi parte es positivo”, apenas dijo el presidente este martes al mediodía. El jefe de Gabinete, Luiz Ramos, fue el encargado de disipar todas las dudas: “Ganó la coherencia y la Copa se hará. Brasil alberga partidos por la Libertadores, Sudamericana, por no hablar de los campeonatos estatales y brasileños, y no puede darle la espalda a un campeonato tradicional como este. Los partidos serán en Mato Grosso do Sul, Río de Janeiro, Brasilia y Goiás, sin público”.

Y a todo esto, ¿qué opinan los jugadores? Se supo que en las últimas horas algunos capitanes como Lionel Messi y Luis Suárez, de Uruguay, se mostraron en contra de jugar el torneo en Brasil. Sergio Agüero, pieza clave de la Selección argentina, dio una pista del pensamiento de los jugadores: “Si está complicado en Brasil, no se puede jugar. Creo haber escuchado que cerraron las fronteras, es muy difícil opinar. Nosotros como jugadores queremos jugar pero el tema es buscar un buen lugar”.

Será Brasil, entonces. Del 13 de junio al 10 de julio la Copa América se jugará en el país donde incluso tuvo origen una nueva cepa de coronavirus, la de Manaos, la que tiene una alta tasa de contagiosidad. La Conmebol promete un grado alto de seguridad sanitaria y se aferra a su plan. El certamen pasó de Colombia-Argentina a finalmente disputarse en Brasil. En apenas pocos días. ¿Pasará algo más? Habrá que esperar a que empiece a rodar la pelota...

 

 

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